lunes, 26 de octubre de 2015

Crema de Apio

Hace unos días necesitaba una ramita de apio para una de mis recetas de los viernes, concretamente para un risotto de bogavante que podéis ver aquí. El caso es que el apio suele venir en paquetes bastante grandes de dos ramilletes con sus correspondientes ramas. Y lo que no utilicé se quedó en la nevera un día, dos días, tres días, cuatro días, cinco...¡no!, este apio no se me puede poner pocho. La comida no se tira, repetid conmigo, la comida no se tira.

Entremedias había probado a echarle unos trocitos a la ensalada pero eso es un poco y tampoco como todos los día ensalada. Por cierto, el toque que le da a las ensaladas está muy bien. Así que para utilizar todas las ramas que quedaban decidí hacer una crema, yo soy así de original. No tenía todas conmigo de que el sabor del apio les fuera a gustar a mis jueces favoritos, pero quien no arriesga siempre se queda con la crema de calabacín y la duda de lo que podría haber sido.

El sabor al que me refería antes me recuerda al del Hinojo y es su sabor anisado. De hecho son de la misma familia y sus propiedades son parecidas. El apio destaca por sus propiedades antiinflamatorias y diuréticas, de hecho lo adopta habitualmente la gente que se propone bajar unos kilos. También es estrella estelar en muchos de los smoothies o zumos vegetales detox que tan de moda se han puesto últimamente. Tiene variedad de vitaminas y minerales, pero lo que yo destacaría sería su contenido en potasio, un mineral importante par la actividad del cuerpo humano, sobretodo para el funcionamiento del sistema nervioso y para la actividad de nuestro músculos.  Aunque como siempre digo, en el equilibrio está la clave, no os vayáis ahora a hinchar a apio y a plátanos(muy ricos también en potasio) que un exceso de potasio también puede ser perjudicial para nuestro organismo.

Os cuento los ingredientes de la nueva aspirante a entrar en la lista de cremas de casa.

INGREDIENTES
(4-5 PAX)

440g de Apio
125g de cebolla
230g de patata
2 dientes de ajo, no muy grandes.
Sal y pimienta
Aceite de oliva

El modo de hacerla es muy sencillo. Yo la hice en olla rápida. Sofreímos los dientes de ajo en un poquito de aceite de oliva. Añadimos la cebolla cortada, no hace falta que muy fina. Damos unas vueltas y echamos las ramas de apio en trozos como de 2cm. Dejamos sofreír un poco y añadimos la patata en trozos que sean más o menos como el apio. Cubrimos con agua y salamos. Cerramos la olla y la tenemos 5 minutos desde que suba. Si no la hacéis en olla rápida pues cocéis hasta que la patata y el apio estén tiernos, comprobáis pinchando con un tenedor o cuchillo. Procurad no pasar el tiempo de cocción, las verduras hay que tenerlas el tiempo justo.
Ahora toca triturar, añadimos caldo del de cocer, no lo echéis todo de golpe para poder ir controlando la textura. Yo también he añadido un chorro de leche. Si vuestra batidora no es muy potente y observáis que quedan hebras habrá que pasar por un pasapurés. Una vez batida añadimos una pizca de pimienta negra y removemos.
Si os sobra caldo, no lo tiréis, es un buen tentempié y os templará el cuerpo en los días fríos. También es genial para una sopa.


Los jueces dieron su aprobación así que repetiremos, ya me contaréis que dicen los vuestros.



jueves, 22 de octubre de 2015

Risotto de Bogavante

Esta receta tiene varios pasos pero en conjunto no es muy complicada. Os prometo que merece la pena y que os harán la ola varias veces. Una asegurada con el primer bocado y otra al final. Y ya en el camino el "mmmm, tú si que sabes", "que rico está", "este plato es winner" y el "tienes que hacerlo más veces". Quieras que no a nadie le disgusta que le digan lo bien que lo hace. Es verdad que el momento ayuda a que todo sepa mejor, pero en este caso el sabor del risotto también tenía que ver.

Los risottos suelen llenar bastante y aunque mucha gente opina que para cenar son muy pesados, el caso es que es viernes y tenemos conversación y sobremesa nocturna suficiente para digerirlo en condiciones.

El arroz que utilicé es arborio, no lo hay en todos los sitios, pero buscadlo porque el resultado para el risotto es muy bueno. Y esta vez con las cantidades, aunque pongo para dos, me pasé un poco y sobró. La verdad es que al día siguiente aunque no estaba como recién hecho estaba buenísimo. Los bogavantes son de 500g más o menos, por si los que compráis son más grandes tened en cuenta que utilicé dos de este peso.

El comienzo de la preparación es un poco gore, porque se supone que los bogavantes están vivos y hay que separar la cabeza de la cola. Si los habéis tenido un rato en la nevera igual están un poco atontados y no pasa nada. Las pinza suelen estar sujetas con gomas así que tampoco os van a atacar. Y si no os veis con fuerzas de meter cuchillo y separar la cabeza de la cola, pues ahí tenéis al ayudante que va a saborear el resultado y que se supone que está poniendo música para ir entrando en ambiente. Le dais el cuchillo y que haga el trabajo sucio.


INGREDIENTES
(2PAX)
83g de cebolla
51g de zanahoria
35g de puerro
1rama de apio
1 cucharada de tomate concentrado
Brandy
40g de cebolleta
48g de mantequilla
Aceite de oliva
200g de arroz arborio
Pimienta de Cayena (guindilla)
Estragón y tomillo frescos
160g de tomate pelado


Una vez superado el drama de cortar la cabeza a los bogavantes, poned agua a hervir, cocer las colas durante 30 segundos y retirad. Echar las pinzas y cuando empiece a hervir el agua otra vez, retirar del fuego y dejar ahí hasta que se enfríen.
Picad la cebolla,  y sofreir en aceite de oliva, echar la zanahoria en trozos, el puerro y el apio. Dejad que se hagan y echad la cucharada de salsa de tomate concentrado ( si no la queréis hacer, venden tomate concentrado o pasta de tomate, si la queréis hacer aquí tenéis la receta, dejadla que se consuma mucho, mucho, mucho y no le echéis ninguna hierba aromática). Damos unas vueltas.

Echamos las cabezas apalstadas del bogavante (yo les he dado con un martillo) y las cáscaras de las colas. Ponemos el fuego medio y damos otra vez vueltas, se agarrará un poco pero da igual. Antes de que lo que se pega se queme echamos un buen chorro de brandy y con ayuda de una cuchara desglasamos, esto es, vamos despegando del  fondo todo lo que se ha ido pegando con una cuchara o pala de madera. Una vez hecho esto cubrimos con agua. Yo he echado dos cazos del caldo de cocer el bogavante y el resto de agua del grifo.  Dejamos cocer unos 10 minutos, cuando quedan más o menos 3 minutos echamos 2 ramas de tomillo y estragón, solo encontré tomillo fresco. El estragón lo utilicé seco. Ahora pasamos o por un chino o un colador, el caldo que sacamos lo ponemos al fuego para mantenerlo caliente. Todo lo que os he contado hasta aquí lo podéis hacer con antelación.


Picamos la cebolleta y sofreimos con 13 g de mantequilla y un chorrito de aceite. Tened la precaución de que no se dore. Cuando esté poniéndose transparente, echamos el arroz y dando unas vueltas dejamos que se ponga también transparente. Salamos y echamos un pelín de pimienta de cayena, las guindillas de toda la vida. Echamos un cazo del caldo que tenemos caliente y dejamos que se absorba, vamos echando el caldo poco a poco, a medida que el arroz lo va chupando. También podemos ir rectificando un poco el punto de sal, que el caldo no lo habíamos salado. Así hasta que el arroz esté cocido. A mi me llevó unos 20 minutos, el fuego no debe estar muy fuerte. Ahora echamos el resto de la mantequilla y vamos removiendo hasta que se funda. Por últimos, añadimos la carne del bogavante en trozos y el tomate pelado y cortado en cuadraditos. Damos una vuelta y dejamos reposar tapado 2 minutos.

Es hora de servir, picamos un poco de cebollino por encima, una pizca de estragón y adornamos con una ramita de tomillo.

A por ello que hay que darle sabor al viernes.


miércoles, 14 de octubre de 2015

Bonito con calabaza

La verdad es que en vez de bonito era mono. ¡Quieto "parao" todo el mundo! Esperad a que me explique antes de pensar que me he dado un golpe en la cabeza. El bonito se supone que es bonito cuando supera los 4 kilos de peso. Y entonces si pesa menos, ¿qué es? Pues yo os diré lo que sé, o lo que he oído siempre a mi padre, un mono. Y a mi padre en temas"pescadiles" hay poco que discutirle. No es ni pescadero ni pescador, pero de pescado sabe un rato. Eso si, con los nombres a la asturiana. En la pescadería nos decía cuál era este pescado o aquel otro. Ahora todos tienen un cartel con su nombre, pero antes los pescados allí estaban plantados con su precio pero sin su nombre.

Una vez en la mesa, él con su vista de aguilucho y con su paciencia nos quitaba delante de nosotros y desde bien pequeños las espinas de los pescados que íbamos a comer. Crecimos un poco y con sus instrucciones las empezábamos a quitar nosotros y así llegó el día en que aprendimos exactamente donde hay espinas en cada pescado y ya nos las apañábamos solos.

Es un poema ver la cara de los enanos cuando entran en la cocina y ven el pescado entero sin trocear y con cabeza incluida. Una vez la rubia de la casa se empeñó en que le regalase un ojo de una trucha. Primero la tocó, le miró la boca por dentro, la cogió por la cabeza y decidió que le tenía que dar el ojo. Así que le saqué el ojo, enredó un poco con él y ya cuando lo había manoseado bien y se cansó de que se le cayese al suelo, lo tiró a la basura y me dijo adiós.
Las veces que hemos visitado juntos la pescadería notas las ganas que tienen de tocar el pescado, cuando te das media vuelta deslizan su manita con cuidado y ponen el dedo encima de alguno, con cierto miedo porque no saben si está vivo o no.

Es una pena no llevarlos más veces a la compra, son pocas los días que voy con ellos. El episodio habitual si voy con los tres suele ser el siguiente:

-Yo meto esto en el carro
-No lo hago yo.
-Yo peso esto.
-Jolíííín, ¡qué morro!.
-¿Vas a comprar lechuga?
-Pues yo no me la pienso comer.
-¿Me compras palomitas?
-No.
-¿Me compras estas galletas?
-No.
-¿Y estos bollitos?
-No.
-Pues estos ositos rellenos de chocolate los lleva fulanita todos los días para el almuerzo,
-Pues su madre no sabe lo que hace.
-¿Qué?
-Nada, nada, que eso no se puede comer todos los días.
-¿Por qué? ¿No son sanos?
-No.
-¿Por qué?
-Porque te pones malito de mayor.
-Pues se lo voy a decir.
-No, no le digas nada.
-Claro que se lo voy a decir ¿Qué quieres que fulanita se ponga malita de mayor? Pues es mi amiga.
-No cariño, ¿cómo voy a querer eso?
-Pues se lo digo,
-Pues dile lo que te de la gana.
-¿Por qué me hablas así?
-Ommmmmmmmm

En este momento es cuando si llevo lista de la compra ya no la veo y si no la llevo se me pone el encefalograma plano y no me acuerdo de nada. Por supuesto, paralela a esta conversación los otros dos se siguen peleando por meter las cosas en el carro. Y horror, a uno le da un ataque de hambre o de sed de esos que parece que no han comido o bebido en dos días. Respiro hondo, grito en bajito, amenazo a alguno y seguimos. Es entonces cuando llegamos a la caja y ellos saludan, sonríen, ayudan y el o la cajera, te dice lo ricos, lo guapos y lo simpáticos que son. Tú piensas que es verdad, que son muy todo, pero aquí es la última vez que los ves conmigo.

Volviendo al bonito, yo cuando lo compré la semana pasada, el cartelito ponía bonito y su aspecto era de bonito. Y su precio era de bonito a final de temporada 4,95 entero. Y su peso era de bonito pequeño 3 kilos y 110 gramos. Miré sus grandes ojos y su piel brillante y pensé este para mí. Los superpescaderos te sacan los lomos, te separan la ventresca para hacer otro día a la plancha y tú te llevas a casa una dosis de omega 3 muy rica.

Ahora viene el ¿y como lo hago? Habrá que salirse un poco del típico con tomate o a la plancha, que también están muy buenos. En casa tenía una calabaza que me habían regalado y con la que ya había hecho alguna crema, así que decidí que iba a ser el acompañamiento perfecto de una parte del bonito.

INGREDIENTES
(4PAX)
600g de bonito
116g de cebolla
500g de calabaza
Sal
Pimienta
vino blanco
cebollino
Aceite de oliva

En primer lugar picamos la cebolla y la sofreímos en aceite de oliva a fuego lento. Cuando la cebolla ya esté blandita, añadimos la calabaza en dados como de 1,5 x 1,5 cm. Salamos y dejamos que se vaya ablandando. En 10 minutos más o menos la tendréis. Sino la dejáis un poco más. Cortamos el bonito en dados y los salamos. Yo los hice un poco más grande que los de calabaza.  En mi caso el bonito estaba cortado en lomos, pero si compráis rodajas también os pueden quitar la espina y trocearlos. Subimos el fuego y añadimos un chorro de vino blanco. Lo alegramos con un poco de pimienta y dejamos hacerse más o menos 5 - 7 minutos a fuego medio.  No dejéis el bonito mucho tiempo, en cuanto esté retirarlo porque sino se reseca mucho y es una pena. Cuando esté listo espolvoreamos cebollino picado por encima y listo.


Espero que os guste.

jueves, 8 de octubre de 2015

Tastyfridays Outside

Hoy es jueves y hay que ir pensando en el fin de semana, además este va a ser un fin de semana largo, así que tenemos más tiempo para disfrutar. Vamos a tener tiempo para cocinar, y seguramente para ir a algún sitio a que nos cocinen. Cada vez que buscas un sitio para ir a comer o cenar te das cuenta de la cantidad de opciones que se muestran ante ti. Es increíble con que rapidez abren nuevos sitios, también es verdad que algunos casi igual que vienen se van, pero aún así la oferta gastronómica es extensa y variada.

Esta vez buscaba un sitio para ir con amigos y con niños y buscando buscando se cruzó en mi camino El Imparcial. Un sitio que ya antes de ir transmite buen rollo. Si curioseas en su web te darás cuenta del porqué. Un edificio con historia, la antigua sede del periódico del mismo nombre. Un espacio interior cuidado, luminoso. Una ubicación que siempre apetece, entre La Latina y El Rastro. Algo más que un restaurante, en el Imparcial no sólo se come; y rescatando la huella cultural que dejó el diario proyecta un espacio donde comprar libros, objetos bonitos, diferentes, curiosos, asistir a actividades o ver exposiciones.



El Imparcial no defrauda. Una barra en el piso de abajo te da la bienvenida y una mesa llena de objetos y libros diferentes te avanza lo que puedes encontrar en su tienda. Subiendo por una elegante escalera te encontrarás con el restaurante, que como ya nos había descubierto la web es un lugar luminoso, bonito y agradable. Agradable y actual también es el staff de El Imparcial.




¿Y la comida? Pues la carta tiene platos de aquí y de allá, con una buena relación calidad-precio y con cierto aire saludable que envuelve a muchos de ellos.

A los pequeños les pedimos una pizza de butifarra con scamorza de la que dieron buena cuenta y que también nos dejaron probar, tengo pendiente volver para probar la de gambas al ajillo.  Los mayores compartimos varios platos. Algunos de sus hits, algún entrante, algún siguiente y algún postre.

Aquí va una muestra y digo una muestra porque no fui capaz ni de hacer foto de todos los platos, ni de que estuviesen enteros. Sed comprensivos, los niños, el come, el no te levantes, las conversaciones a tres bandas, la comida...Pero os vale para que empecéis a hacer boca. 




Aquí están los chipriones con puré de coliflor y curry, la pizza de butifarra, los tacos de cochinita pibil, el sashimi de salmón con helado de wasabi y las costillas glaseadas.

Y con un par de postres, nos fuimos de El Imparcial con buen sabor de boca.

El Imparcial
C/ Duque de Alba, 4
Madrid
Tel. 91 79 58 986
www.elimparcialmadrid.com