jueves, 28 de enero de 2016

Brochetas de Cerdo Ibérico con Salsa Satay

Ya solo queda un día para que empiece el fin de semana, así que yo por mi parte voy a cumplir mi misión de daros ideas para que le pongáis un poco de chispa a alguna de las comidas o cenas de estos días.

Soy muy fan de los sabores asiáticos, igual en otra vida estuve por allí. En esta todavía no he ido, pero es un sueño-objetivo que no se me va a escapar, os lo aseguro. También es verdad que los sabores de allí, que tenemos aquí, no serán del todo reales, pero nos vamos haciendo una idea hasta que podamos comprobar la realidad de primera mano. 

Para el plato de hoy busqué la receta de la salsa satay, una salsa con un montón de matices y que debe su nombre a las brochetas de carne o pescado a las que acompaña. Esta salsa, con base de cacahuetes, las acompaña en diversos lugares como Indonesia, Tailandia, Malasia y China, entre otros. Y por supuesto en el resto del mundo, ya que hoy en día tenemos la suerte de que los sabores de distintos lugares viajen a nuestros países. 

Y ya vale de alabanzas hacia afuera, porque la carne que utilicé para las brochetas era de cerdo ibérico de Extremadura, de dónde si no? Aquí tenemos productos y platos que nos acompañan en nuestra dieta diaria y son maravillosos. No debemos olvidarlos, ni perderlos.

Y ahora, nos vamos a Indonesia con escala en Extremadura.

INGREDIENTES
(2PAX)

Para las brochetas
350g de solomillo ibérico
Cúrcuma
Pimienta
Cilantro seco
Sal

Para la pasta de cacahuete
110g de cacahuetes pelados

Para la salsa satay
1/2 diente de ajo
2 ramas de cilantro fresco
1 trocito de chile rojo o 1/2 guindilla
6 g de jengibre
1 y 1/2 de cucharadas de soja más una pizca de azúcar
1/2 cucharadita de las de postre de azúcar moreno
1/2 limón
agua

En primer lugar, tenemos que hacer la pasta de cacahuete. Es verdad que la hay hecha, conocida como mantequilla de cacahuete, pero lleva azúcares añadidos y otras cosas. Hacerla es un plis plás. Cogemos los cacahuetes y los trituramos con ayuda de una picadora, batidora o lo que veamos. A mortero creo que va a ser un poco difícil, entonces casi que la compramos hecha. La picadora sacará el aceite del fruto seco al triturar y quedará una masa homogénea.

Ahora cortamos la carne en dados, no muy grandes para que se hagan bien en la plancha. Mojamos los palillos de las brochetas, para que luego la carne salga bien. Insertamos los trozos en los palillos y sazonamos con las especias.

Para la salsa ponemos todos los ingredientes en la batidora y le damos caña. De el limón utilizaremos la ralladura y el zumo. Una vez que trituremos, le añadimos un poco de agua controlando no hacerla muy líquida, solo es para ayudar a triturar y que quede consistencia de salsa. 




Por último ponemos una plancha o sartén al fuego y hacemos las brochetas. Acompañamos de la salsa satay y listo. Pues creo que listo no, hice otro acompañamiento con calabaza, que os tengo que contar. Se trata de cocer la calabaza, utilicé 400g, pelada y cortada en dados. Podéis ponerla en un cazo con agua o en el microondas con un poquito de agua hasta que esté blanda. Después la trituráis con un chorrito de wasabi, pimienta, sal, curry y nuez moscada ( guardaros este acompañamiento para todas las carnes que queráis). 






Y ahora a emplatar bonito, que la vista también acompaña.




 Enjoy!!






jueves, 14 de enero de 2016

Pinky Huevos

En la cocina, como en muchas cosas de nuestra vida, es fácil caer en la rutina. Le coges el truco a unos cuantas recetas y semana tras semana, dale que te pego, son los mismos platos los que llegan a nuestra mesa. Otras veces el acomodo viene porque es lo que comen bien y para que te vas a complicar la vida intentando que coman otras cosas nuevas. Error. Nuestros peques y no tan peques tienen que conocer nuevos platos, nuevos sabores y seguir así educando su paladar para poder llegar a tener una alimentación lo más completa posible.

Hace poco encontré en la remolacha el colorante perfecto para darle gracia a una cosa tan sencilla como los huevos. Y no sólo me sirvió de colorante. Además la remolacha se convirtió en ingrediente del plato con lo que matamos dos pájaros de un tiro: Plato diferente + Nuevo sabor.

A mi me encanta la remolacha y me la como sobre todo en ensaladas. Reconozco que tiene un sabor un poco especial y que para los niños puede resultar un tanto extraño. Pero no hay nada como presentarlo de forma divertida y junto a otras cosas que sí coman habitualmente.

En cuanto a sus propiedades, son muchos los beneficios de esta raíz de la que también se pueden consumir las hojas. Es rica en ac. fólico, muy importante en el embarazo. También es una buena fuente de potasio, calcio y magnesio. Gracias a su alto contenido en flavonoides podemos decir que nos ayuda en la prevención de enfermedades como el cáncer. Y aunque tiene el mayor contenido de azúcar de los vegetales, no supone ningún problema incorporarla a nuestra alimentación, sus calorías son 43Kcal. por 100g. Su contenido en fibra, la cual nos ayuda a mejorar el tránsito intestinal y a controlar nuestros niveles de colesterol, es también destacable. Otra de sus propiedades tiene que ver con su contenido en hierro y en vitamina C, la cual favorece la absorción de este mineral, por lo que nos ayuda a prevenir estados de anemia ferropénica. Así que después de esta carta de presentación la remolacha se merece un espacio en nuestra dieta que quizás todavía no le hemos dado. 

Y ahora viene lo más divertido. ¿Qué cara ponen tus hijos cuando ven huevos rosas?. La cara es de asombro, a alguno le parecieron divertidos y al más pequeño el color no le acababa de convencer. Así que vino la pregunta del millón. Pero estos huevos ¿por qué son rosas?, ¿de qué son? Seguro que si nos metiéramos en su cabeza veríamos la imagen de una gallina fucsia poniendo huevos rosas. Cuando escucharon la palabra remolacha, se les cambió el gesto. ¡Qué pedorros! ¿Pero si no han visto una remolacha en su vida, por qué sacan su mejor cara pedorril? ¿O estarán pensando que si se los comen se van a volver rosas? Yo me hice la tonta y seguí alabando lo genial, maravilloso y superfantástico que era poder comerse unos huevos rosas. Y con mi megapoder de convicción se comieron uno.  Y ya después de probarlos fueron dos, tres y alguno hasta cuatro. No olvidéis que este también es el momento de enseñarles la remolacha y demostrarles que no es un extraterrestre.

INGREDIENTES
(4 Pax)

7-8 huevos
200g de remolacha cocida
1 y 1/2 cucharadas de mayonesa
1 lata de atún
sal y pimienta

Lo primero que tenemos que hacer es cocer los huevos 10 minutos desde que empieza a hervir el agua. Trituramos la remolacha, la ponemos en una fuente y ponemos los huevos pelados y partidos a la mitad entre el puré de remolacha. Después de un rato cuando comprobemos que se han teñido de rosa, les damos la vuelta para que se tiñan por el otro lado.


Sacamos las yemas y las reservamos. Limpiamos bien los huevos conservando el puré de remolacha, como quedarán algunos restos podemos pasar por un hilito de agua las claras. Así no quedarán restos del puré. Si hacéis esto secadlas con un papel de cocina.




Ahora trituramos las yemas con el puré de remolacha, el atún, la mayonesa, sal y pimienta. Rellenamos las claras con ayuda de una cucharilla y listo. Podéis adornarlo con un pepinillo o una aceituna o con lo que os apetezca.




Listo, los peques han entrado en contacto con la remolacha y la cosa ha ido de color rosa.