lunes, 25 de abril de 2016

Solomillo a la Madrileña

La receta que os voy a contar hoy es de las de "hoy no me vais a dar la turra y vais a cenar en un plis plás", quien dice cenar dice comer. También es de las de llevar a una excursión o comida en el campo. O un poco de carne para el picoteo de un partido de fútbol en casa con amigos. Los medallones que salen del solomillo,  tienen el tamaño perfecto para comer con la mano, perfecto para comidas informales.

Me enseñó la receta un cocinero de los de toda la vida, de los de a pesar de no ser muy mayor lleva muchos, muchos años cocinando y de los que no te van a enseñar a hacer un plato muy "piti" pero si que te enseñan un plato como este, del día a día, y que nos viene tan bien.

Se hace con solomillo de cerdo, que ya de por sí es tierno, además va marinado, lo que ayuda a ablandar la carne. Sé que el rebozado no gusta a todo el mundo, a los peques le suele gustar y para hacer ahora y comer más tarde viene muy bien. Los pequeños de la casa, por lo menos los de la mía, no ponen ni media pega para masticar y tragar. Es una carne blandita y tierna que les encanta. Sí, hay vida más allá de la carne picada y todo me hace bola. Acompañándolo con un poquito de verdura será una cena perfecta para todos.

INGREDIENTES
(4PAX)
1 solomillo de cerdo
2-3 dientes de ajo
1 cucharada de perejil fresco picado
vino blanco
sal
Harina
1 huevo

Lo primero que tenemos que hacer es cortar el solomillo en medallones, como de un poco menos de 1cm. de grosor, no los hagáis más gruesos, ni tampoco muy finos. No desaprovechéis las puntas, las podéis cortar y sacar dos filetitos cortando a lo largo por el medio.




Salamos los medallones por los dos lados y los ponemos en una fuente un poco honda. Echamos los dientes de ajo muy picados. Añadimos el perejil y un buen chorro de vino blanco. No tiene que estar cubierto, no hace falta. Lo que si debemos hacer es ir moviéndolo un poco de vez en cuando.  Y pasar lo de abajo arriba y lo de arriba a abajo. Por lo menos deben marinar durante media hora, si tenéis más tiempo mejor.




A continuación pasamos cada filete por harina y después por huevo y freímos en aceite de oliva. Preparamos un plato con un papel de cocina para que los filetes vayan escurriendo el exceso de aceite. Y voilà.


Espero que en vez de un solomillo tengáis que hacer dos para la siguiente vez, que es lo que me pasa a mi cuando vienen con mucha hambre, me quedo corta.

jueves, 21 de abril de 2016

Tastyfridays Outside: Restaurante Navaja

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de visitar este lugar. Navaja ha dado que hablar desde su inauguración debe hacer un año más o menos. Yo por lo que había visto y leído, deduje que había que dejar pasar un poco el aluvión de visitas y la fama que obtuvo desde sus comienzos. Personalmente no me mata ser la primera en conocer un restaurante que se ha puesto de moda. Es más, alguna vez me ha pasado que después de dejar pasar un tiempo e intentar ir, o ya no me llamaba nada, o incluso alguno había cerrado. Navaja seguía en mi mente, mes tras mes, y yo intuía que lo que se cocía allí dentro no tenía desperdicio. Hace unas semanas llegó mi oportunidad. Mi intuición, como siempre, no me la jugó. Si tuviera que resumir la experiencia en una palabra sería "Genial".

Navaja es un restaurante gallego, pero no gallego al uso, gallego con mezcla peruana y asiática. Así que si buscas sabores tradicionales, no vayas. Bueno búscalos en otro y vete a Navaja a disfrutar su fusión. Vete a Navaja a abrirte la mente. Vete a Navaja a notar que tienes paladar. Vete a Navaja a subir, a bajar, y a canallear.

Lo primero que os tengo que contar es que a Navaja se va sin reserva y el comedor tiene pocas mesas. En la zona de la entrada hay un primer espacio con una mesa corrida, un pequeño espacio de barra además de las zonas de apoyo con barra que dan las paredes con sus correspondientes sillas altas. Así que hay que ir y probar suerte.

La carta no es muy extensa, pero aún así te costará elegir. Una camarera con acento gallego y mucho desparpajo te la venderá tan bien y con tanta pasión que os lo pondrá difícil. Dejaros aconsejar y no os defraudará.

Entre los platos que probamos estaban las navajas, no podían faltar. Polvo de cacahuete, habanero y leche de tigre son algunos de los sabores que dan un punto muy diferente a este molusco.



Tampoco nos pudimos resistir al aguachile black tiger, entre Méjico y Perú. O al Hamachi con maracuyá, cuando los recuerdo se me hace la boca agua.



Los baos de presa ibérica y los de cangrejo de concha blanda no nos bajaron de la montaña rusa de sabores en la que nos habíamos subido.


Y como broche final el Tom Pay, un postre con obleas chinas y crema de limón entre otros ingredientes que está impresionante.



Una aventura culinaria os espera en Navaja, no os la perdáis.

Restaurante Navaja
Calle Valverde 42
Madrid



domingo, 17 de abril de 2016

Salsa Pesto

Hoy la protagonista es una salsa, una salsa que bien merece un post para ella solita. Como ya habéis leído en el título es el Pesto, una salsa italiana que en principio para lo que más se utiliza es para acompañar pasta pero que hace buenas migas con un montón de platos. Yo lo he probado con verduras, con arroz, con legumbres, con pescado, con carne, en ensalada, y seguro que con algo más. Los restos de comida, de aquí y de allá, ya sabéis que dan para mucho y es ahí donde tenemos la oportunidad de probar, combinar y no tirar. 

Mi primer Pesto lo hice con mortero, "supertradicional". Y no es porque lo diga yo, o sí, pero quedó espectacular. Empezaba a trastear con la cocina y ya había sucumbido a los encantos de esta salsa, así que decidí hacerla en casa y allí me puse manos a la obra con mi mortero. Como primera vez, en pisito de soltera y sin niños, tienes todo el tiempo del mundo. Unos años después,  la batidora es la que me ayuda a que el proceso sea más rápido y el resultado también es genial. Concretamente con la Thermomix se consigue una salsa con una textura genial, pero no es imprescindible. Un mortero, una picadora o una batidora normal, nos servirán.

Sus ingredientes principales son la albahaca, los piñones, aceite de oliva, ajo y queso parmesano. Pero hay infinidad de variantes en las que se sustituyen los piñones por otros frutos secos como avellanas o pistachos, o el pesto rojo con tomates secos (haciendo click aquí veréis una receta de pesto rojo en mi otro blog), y todas los cambios que se nos ocurran.

¿Y los pequeños de la casa?, ¿se lo comen bien? Os cuento que es una salsa fuerte, el ajo y el queso le dan potencia, pero con los niños nunca sabes y niños hay de muchas edades. Lo de siempre, que la prueben y que la prueben otra vez, y puede que otra vez más. Así, hasta que un día os pidan que la hagáis, mientras tanto la disfrutáis vosotros y ya está.

Ya sabía yo que en domingo, bien rodeada, muy acompañada y con un niño de 4 años hablándome todo el rato; enseñándome mil pupas y contándome mil batallas; me iba a llevar un tiempo escribir la receta. Pero de verdad que lo voy a conseguir. Ahora me está haciendo una tesina de por qué le molestan los vaqueros, pero que claro, se los tiene que poner. ¡Horror, pesto vuelve a mi mente!

INGREDIENTES

100g de albahaca fresca
50g de piñones
2 dientes de ajo
30g de queso parmesano
200g de aceite de oliva virgen
Sal

En primer lugar rallamos o picamos el queso muy fino. Trituramos con los ajos, la albahaca, los piñones y un poco de sal. Una vez tenemos todo bien triturado, como una pasta, el siguiente paso es seguir batiendo incorporando el aceite de oliva poco a poco hasta formar una salsa homogénea. Probamos el punto de sal y listo.

No sé si os gustará tanto como a mi, pero es una salsa con un montón de aplicaciones para el día a día y para momentos especiales.









jueves, 14 de abril de 2016

Jurel con Remolacha, Salsa de Rábano y Ensalada de Berros

Se acerca el fin de semana y aquí estoy yo con un plato para dos, o para los que queráis. Lo importante es que sea un plato para pasar un buen ratito más y disfrutar, ya sea en pareja, con amigos o en familia. Sólo tenéis que multiplicar cantidades en función de los que se apunten y listo.

La receta de hoy es con un pescado de lo más económico, se puede hacer con jurel o con caballa, son dos pescados azules, muy similares y que casi siempre están a un precio muy competitivo. A veces no hace falta gastarse un dineral en pescados carísimos para conseguir un platazo muy digno. Hay hueco para todos, y ocasiones para cada materia prima.

La caballa sin ir más lejos, estaba a 2,50€ el kilo, ese precio hay pocos pescados que lo superen. En realidad yo iba a por caballa pero eran un poco pequeñas, el jurel tenía un tamaño mejor para sacar los filetes y por eso me lo llevé. Caballa he comido muchas veces, me gusta ponerla para cenar, simplemente a la plancha y aunque es un pescado contundente, todos en casa se lo comen sin rechistar. Jurel o Chicharro (esto de los nombres de los pescados y las zonas es todo un mundo) era la primera vez, pero me fié de la pescadera que me dijo que eran bastante similares.

Buscarle un toque diferente era la misión para este viernes noche, y ese toque diferente vino con el acompañamiento. Ingredientes dispares como la remolacha y el rábano picante, pero que con el dulzor de una, el picante del otro y la fuerza de este tipo de pescado redondean un plato fácil, ligero y muy rico.
Una cena perfecta para empezar dándole un buen bocado a nuestros días de descanso.

INGREDIENTES
(2pax)

1 Jurel en dos filetes (depende de lo que comáis o de lo grandes que sean quizás necesitéis 1 y 1/2)
300g de remolacha cocida
1 bote de rábano rallado (lo podéis encontrar en la sección internacional de los supermercados, concretamente en alimentos alemanes)
1bolsa de berros
1 y 1/2 limones
150g de crème fraîche
Mostaza de Dijon
Sal y Pimienta
Aceite de Oliva

Lo primero que haremos será la salsa de rábano. Para ello mezclamos la crema fresca, con dos o tres cucharaditas de rábano. Añadimos una cucharadita de mostaza, sal, pimienta y el zumo de medio limón. Una aclaración el rábano tiene un toque picantito y la mostaza también, así que primero echad dos cucharaditas de rábano y cuando esté todo mezclado probáis si os hace falta la tercera. La remolacha es contundente, así que necesita alegría. Pero esto del picante es muy personal. Yo confieso que eché un poquito más de mostaza al probarla.

Ahora cortamos la remolacha en dados no muy grandes, le echamos sal y pimienta, el zumo de medio limón, añadimos unas cucharadas de la salsa de rábano y reservamos.

Hacemos nuestra ensalada de berros, aliñándola con sal, pimienta y zumo de limón. Recordad reservar unas hojas de berros para emplatar.

Salpimentamos los filetes de jurel y los hacemos a la plancha con aceite de oliva. Se hacen enseguida, así que controlad bien que no se os pasen de punto. Si queréis cuando estén podéis también echarles unas gotas de limón por encima.

Ya solo nos queda emplatar. Puse la remolacha debajo del jurel, un poquito de la salsa de rábano en un lado y debajo de las hojas de berro un montoncito de rábano rallado. La ensalada la servimos aparte y listo, que ya no nos cabe más en el plato.

El resultado no sólo es bonito, es muy fresco, con contraste de sabores y riquísimo.




Espero que os guste y que sea vuestro plato estrella del fin de semana.