viernes, 31 de marzo de 2017

Mousakka o Musaka o quizás Musaca

Hace poco compré unas berenjenas con idea de hacerlas como acompañamiento de algún plato. De hecho me gustan y les gustan mucho en bastones (tenéis la receta haciendo clic AQUÍ). Pero llegó el fin de semana y ahí estaba yo con mis berenjenas que no había utilizado y con ganas de darles salida, Una musaka se convirtió en la candidata perfecta para la comida del sábado. Y por qué españolizo mousakka y pongo musaka. Porque a los españoles nos encanta llevarnos a nuestro terreno las palabras y su pronunciación, incluso podríamos llamarla musaca. Además la he adaptado un poco a mi cocina. Por ejemplo la mousakka se hace con cordero y yo no la he hecho así, o con tomates naturales, no con tomate triturado y muchas cosas que seguro sean diferentes y que yo he cambiado por ser más práctica.


La mousakka es sencilla pero necesita su tiempo de preparación, cortar la berenjena por aquí, hacer el relleno por allá, hacer la bechamel, montar las capas y gratinar. En mi caso también hubo algo de tiempo extra que añadieron los  pequeños inspectores que entran a ver que se cuece y dar su opinión. No sé los vuestros, pero los míos necesitan toma de contacto cada "x" minutos. Es algo así como que vienen a pasar revista no vaya a ser que la estés liando. Unas preguntitas por aquí, unos mimos por allá y de paso un vistazo a lo que hay en la encimera o en el fuego. Y si está tapado no se quedarán con la duda, hay que destapar y enseñar.  Esto no solo pasa cuando estás en la cocina, otro momento muy propicio para que se pregunten qué haces y salgan disparados a por ti, es cuando estás en el baño. No han pasado ni dos minutos y ya están en la puerta:
Toc, toc -¿Mami?
-¿Qué?.
-¿Qué haces?
-A tí que te parece, ¿bailar una jota? ¡¡¡¡Error!!!, no entienden la ironía y les enfada así que se quedan en la puerta dando golpecitos y haciéndote preguntas hasta que sales. ¿A qué madre o padre no le suena esta estampa?

Volvamos al momento inspección de cocina, les cuento que estoy haciendo un plato súper que se come en Grecia y les pregunto si quieren que un día vayamos a Grecia. Deciden quedarse por aquí enredando y mientras tanto les  explico como se llama el plato, lo que estoy haciendo, lo que lleva y  si me quieren ayudar. Me ayudan, se involucran, tardas una hora más en hacer la mousakka, pero después no ponen muchas pegas al comérselo.

Eso sí, lo del viaje a Grecia no se les olvida y pasados unos días te siguen preguntando que cuando nos vamos. El mejor momento viene cuando una madre o padre de alguno de sus amigos te dice:
- ¿Así que este verano os vais de vacaciones a Grecia?-
Y tú cara no puede ser más de emoticono sorprendido, pero si yo sólo he hecho una mousaka.

INGREDIENTES
(6pax)

800g. de Berenjenas
500g. de carne picada, (podéis utilizar mezcla cerdo-ternera, o solo ternera)
400g. de tomate triturado
1 diente de ajo
150g. de cebolla
Vino blanco
75g. de mantequilla
1 cucharada de harina
600g. de leche
Azúcar
Sal
Pimienta
Nuez moscada
Tomillo
Aceite de oliva
Queso rallado

PREPARACIÓN

Cortamos las berenjenas a lo largo, en láminas finas como de unos 4 milímetros. Yo esta vez las pelé para que los enanos no pusieran muchas pegas, pero no se suelen pelar. Podemos freírlas, podemos hacerlas a la plancha y podemos incluso hacerlas en el microondas con un chorrito de aceite, sal y tapadas. La forma tradicional es freírlas, tened en cuenta que las berenjenas absorben bastante aceite, así que escurridlas luego sobre papel absorbente. Las hice a la plancha, pero es más rápido freírlas.

Por otro lado sofreímos el diente de ajo pelado en aceite de oliva, añadimos la cebolla picada fina y dejamos que se haga. Incorporamos el tomate. Añadimos sal, pimienta y media cucharadita de azúcar.  Espolvoreamos tomillo y si no nos gusta el tomillo podemos utilizar orégano o albahaca. Salpimentamos la carne picada y la añadimos al tomate, separándola bien y removiendo para que se suelte. Aquí podemos invertir los pasos y dorar primero la carne y después echar el tomate triturado. Echamos un chorrito de vino blanco, tapamos y dejamos que se haga a fuego medio durante 20´, removiendo de vez en cuando.

Para hacer la bechamel, echamos la mantequilla en un cazo. Añadimos la harina y sofreímos. Vamos añadiendo la leche poco a poco y removiendo. No dejamos de remover, para que no se pegue, salpimentamos y añadimos un poco de nuez moscada. Removemos hasta que coja consistencia de salsa.

Llega la hora de montar la mousakka. En una fuente vamos poniendo capas de berenjena, capa de boloñesa, capa de berenjena y así hasta terminar. Cubrimos con la bechamel y espolvoreamos el queso rallado.







Metemos al horno precalentado a 220 grados unos 20 minutos y añadimos 3´más poniendo el gratinador si el queso no está dorado.





¡Espero que os guste y que les guste!

martes, 21 de marzo de 2017

Pita de Pulpo


Esta semana estamos de suerte y aunque estemos de lunes es martes y mañana ya será miércoles y estaremos muy cerquita del viernes. Una semana de estas cortitas que tanto nos gustan.

Con el plato que os traigo hoy, estoy participando en un concurso de Canal Cocina de cocina griega y con el que espero ganar un libro de recetas de Maria Zannia. Otro más para la colección al que le quiero hacer un hueco en mi biblioteca cocinil. El reto era hacer un plato de cocina griega. Así que después de estar investigando ingredientes y platos, mezclando sabores por aquí y recetas por allá, conseguí esta Pita de Pulpo. Un plato que aunque tiene elaboración no es complicado de hacer y está buenísimo. Una receta fresca que nos traslada a distintos sabores de este lugar que todavía solo conozco en imágenes y en platos y que espero algún día, no muy lejano, disfrutar en directo.



INGREDIENTES

1 pulpo crudo y previamente congelado (1300g)
1 tomate (365g)
7 aceitunas kalamata
6 14 hojas de albahaca grandes
20g aceite de oliva
9g zumo de limón
 sal y pimienta
2 Pan de Pita
4 Hojas de gelatina



Ponemos a cocer el pulpo, descongelado, en agua. Si lo hacemos en olla rápida sólo nos llevará 15 minutos a fuego lento desde que coja presión. Al comprarlo congelado no tenéis ni que darle palos ni esas cosas que se hacen para que no quede duro. Si lo cocéis en olla normal, necesitaréis más o menos 30 minutos para un pulpo de este peso. Hay gente que lo asusta primero unas tres veces para que no pierda la piel o quede más bonita. Yo lo he metido directamente en agua fría y he cerrado la olla.

Lo primero que vamos a hacer es un carpaccio de pulpo. Una vez cocido el pulpo cogemos una botella vacía de agua de las de medio litro. Cortamos la parte donde empieza a disminuir hacia el tapón. Le hacemos unos agujeros con un cuchillo en la base, esto nos permitirá que suelte el líquido que sobra. Ponemos las hojas de gelatina a remojo en agua fría. Mientras vamos cortando las patas del pulpo en trozos y hacemos una capa dentro de la botella. Tiene que quedar prensado. Ponemos encima una de las hojas de gelatina remojada y continuación otra capa de patas. Así hasta acabar con una capa de gelatina. Las patas aprovechadlas hasta el final, no tenemos que poner solo la parte fina.


Hacemos unos cortes en los laterales de la botella y los doblamos hacia adentro cerrando y prensando bien. Envolvemos en papel film. Encima del papel film le ponemos un papel de cocina humedecido. Metemos al congelador durante hora y mediaEl truco de envolver en papel de cocina humedecido lo podéis aplicar también  a cuando queréis enfriar una bebida y no os habéis acordado de meterla en la nevera, en 10 minutos tendréis la bebida fría.


Pelamos el tomate y lo cortamos en daditos pequeños. Le añadimos las aceitunas picadas y las 6 hojas de albahaca también cortadas pequeñas. Incorporamos los dientes de ajo cortados muy finos, un chorrito de aceite de oliva, sal y pimienta. Sacamos el pulpo, lo desenvolvemos y obtendremos un cilindro compacto que cortamos en rodajas finitasLas aceitunas kalamata son una especialidad griega que no es difícil de encontrar, pero las podéis sustituir por aceitunas negras. 


Hacemos un aceite de albahaca batiendo las 14 hojas, aceite de oliva, zumo de limón, sal y pimienta. Tostamos el pan de pita.


Montamos el plato con ayuda de un aro de emplatar. Ponemos el pan de pita y encima una capa del tartar de tomate y kalamata que tenemos hecho.

Ponemos encima una rodaja de carpaccio de pulpo y terminamos con el aceite de albahaca. Si le queréis poner más pulpo, podéis añadir otra rodaja entre el pan y el tomate o servir alguna más alrededor del plato. Podéis abrir el pan como se hace con el Pan de Pita de forma tradicional y rellenarlo con el tomate y las rodajas de carpaccio. Adornamos con una hojita de albahaca. 

Ya tenemos lista nuestra Pita de pulpo con la que darnos una vuelta por los sabores de la cocina griega.



¡Espero que os guste!

viernes, 17 de marzo de 2017

Crema de Coliflor

Cuando un peque te pregunta mamá, ¿qué hay? y le sueltas a bocajarro crema de coliflor, ya te puedes poner en lo peor. Esta pregunta además suele venir después de que salga de su habitación atraído por un olor que no le gusta nada y que sospecha que tiene algo que ver con lo que le toca comer o cenar. Un olor que ellos califican como "a pedo", más claro imposible. Es verdad que el olor de la coliflor se las trae y no te pone nada fácil los previos, pero no nos podemos dar por vencidos. Aguantaremos estoicamente sus quejas mientras la haces. Sus idas y venidas a la cocina intentando que cambies de opinión con sus "no sé por qué tienes que cocinar algo que huele fatal" o sus "no me lo pienso comer". Para condimentar un poco el ambiente, se pelean. Y cuando les vas a llamar la atención, su respuesta es clara: -No me gusta la coliflor. Tú sigues ahí, con tu paciencia, intentando no saltar o no amenazar con algo como "si sigues protestando te vas a comer dos platos", muy fácil de decir, muy difícil de cumplir. Otra opción es pegar dos gritos, muy poco de manual pero muy humano.

Conclusión: Os he quitado las ganas de hacer la crema.

Pues para que sigáis leyendo os voy a avanzar que la crema fue un éxito, que se la comieron genial y que pienso hacerla más veces. Aunque sé que cada vez que haga un plato de coliflor tendré su protesta previa.

Otra de las razones de peso que os puedo dar para que intentéis que coman coliflor y todas las demás verduras de su familia, son sus múltiples beneficios. En esta receta que puse hace tiempo os contaba sus propiedades (click AQUÍ)

Como la coliflor es fuerte, para hacer la crema me ayudé de leche y de patata que suavizan un poco el sabor y como acompañamiento le puse unos daditos de bacon, a los que debo parte del éxito de la crema. Si no le queréis poner bacon, le podéis poner picatostes, jamón, queso, o lo que se os ocurra.

INGREDIENTES
(6PAX)

950g. de coliflor
1 cebolla (160g.)la puse morada porque era la que tenía pero vale normal
2 dientes de ajo
1 patata 165g.
leche (no la medí pero la cantidad es fácil, la necesaria para conseguir la textura de crema)
Aceite de Oliva
Sal, pimienta y nuez moscada.
160g de bacon en tiras

Pelamos los dientes de ajo y freímos en un poco de aceite de oliva, sin quemarlos. Cuando empiecen a tomar un poco de color añadimos la cebolla picada como en medias rodajas, dejando que se haga unos minutos. Incorporamos la patata cortada en dados un poquito grandes y las flores de la coliflor. La coliflor puede ser fresca o congelada (no hace falta descongelarla). El peso que os he puesto es sin hojas y sin la parte del tallo que desechamos.

Damos una vuelta en el aceite con la cebolla y el ajo, cubrimos con agua, salamos y dejamos cocer hasta que esté blanda. A mí me gusta hacerlo en olla rápida porque se pierden menos nutrientes. La dejo 4-5 minutos a fuego lento desde que sube.

Escurrimos y trituramos añadiendo la leche hasta conseguir la textura deseada. Añadimos un poco de pimienta y nuez moscada. Cuidado con esta última que su sabor es potente, echad poco. Con otras cremas utilizo el caldo, pero como a coliflor es fuerte esta vez no añadí nada de caldo. Lo podéis guardar igualmente para otras elaboraciones.

Ahora solo falta freír las tiras de bacon con un pelín de aceite de oliva y servirlas por encima.



Reto superado, ya me contaréis vosotros.

¡Espero que os guste y que les guste!


lunes, 13 de marzo de 2017

Unos días en Miami

Hoy hace dos lunes que volaba con mi maleta llena de ropa de verano y con muchas ganas de cruzar el charco en busca de unos rayos de sol y un poco de relax.

Los que me seguís en redes sociales sabéis que estuve en Miami. Un viaje que he disfrutado muchísimo por muchas cosas pero sobretodo hay una; he tenido mucho tiempo para estar sola con la única compañía del sol y del mar. Hay gente que me ha preguntado si no era pesado estar tanto tiempo sola, y mi respuesta ha sido: -¡claro que no!. Este tiempo en solitario me ha servido para desconectar, para pensar, para poner en orden algunas cosas, para encontrarme un poco conmigo y pensar solo en mi. Esto os puede chocar, podéis decir y esta se va a Miami como el que se va a un retiro espiritual, jajaja. Pues no ha sido un retiro espiritual porque he hecho un montón de cosas para desactivarme y activarme; pero si que he sabido captar las señales que me decían que aprovechara esos momentos de intimidad conmigo misma.



Cuando se me presentó la oportunidad de hacer el viaje no me lo pensé dos veces y dije voy sí o sí. Lo primero es decir que sí y luego ya empiezas a organizar cómo lo harás, por ejemplo planificar la vida de los que se quedan en casa y que no les hace nada de gracia quedarse, por cierto. Si te lo piensas mucho no vas, yo hace un tiempo precisamente por pensármelo demasiado me perdí un viaje que no tenía que haber dejado escapar.



Como esto es el blog de una foodie lo que tengo que hacer es contaros los sitios a los que fui a comer, aunque como buena foodie os diré que también me dediqué a visitar supermercados. Quizás algunos me tomareis por loca. Esther se va a Miami de retiro espiritual y visita supermercados. Pues sí, allá donde voy me gusta ver qué comida hay en las tiendas. Lo primero que hago cuando voy a un sitio nuevo sea en España o fuera es buscar si hay mercados que pueda visitar. Prefiero mercados como tal, de productos frescos, pero reconozco que también me encanta entrar en los supermercados. Me gusta ver lo que se vende, qué productos nuevos descubro, comparar precios y mirar etiquetas. Esta vez, en mis primeros días de viaje en los que estuve en KeyBiscayne y en el que no encontré un mercado como tal, me pasé dos horas, no es una exageración, metida en un hiperpermercado husmeando todo lo que allí se vendía.
Os puedo contar que me llama la atención los niveles de sodio de muchos de sus alimentos, y esto se debe en gran medida a que tienen un montón de alimentos muy elaborados o precocinados. Algo tan básico e inofensivo como un zumo de tomate se convierte en una bomba para los hipertensos. El tema de las comidas precocinadas y demasiado elaboradas, también en nuestro país va en aumento en los últimos años a un ritmo pasmoso.




Otras de las cosas que me gusta ver cuando viajo es dónde puedo ir a comer o cenar. También me encanta pararme en un sitio que tiene buena pinta y me gusta sin más. Mis primeros días en Keybiscayne mi alimentación se basó en cosas ligeras por el día en el hotel acompañadas de largos paseos por la playa. Ya por la noche tuve la suerte de disfrutar de alguna cena muy divertida como una en el hotel, con un montón de puestos de comida de distintas nacionalidades, donde no podía faltar su típico pulled pork asado a baja temperatura que te servían con palitos de yuca.




Otra de mis incursiones foodies fue en un restaurante del Downtown, Area31, situado en el hotel Epic, donde también se encuentra Zuma, un restaurante japonés muy top. En Area31 disfrutamos de un montón de platos bien elaborados en un ambiente genial. Dispone de una terraza en la que ver Miami desde la planta 16.



En Miami Beach, caminando por Lincon Road de tienda en tienda; cuando nuestras tripas empezaban a rugir un poco, un camarero pasó por delante con un plato de pasta con bogavante y no pudimos resistirnos a sentarnos en este restaurante italiano y disfrutar de uno de sus fetuccini Alfredo. En EEUU llaman langosta, "lobster" a lo que nosotros conocemos por bogavante, quizás un poco diferente también al bogavante de aquí. El restaurante en cuestión se llama Cantinetta.


En Miami, como en otros muchos lugares, incluyendo nuestro país, hay multitud de restaurantes de distintos países. Paseando por Espanola Way (no está mal escrito, ellos no tienen ñ) se nos antojó una michelada, ese combinado con cerveza de sabor tan especial que tuve la suerte de descubrir hace muchos años en México y que está increíble. Nos paramos en Oh Mexico y la acompañamos de unos tacos de Cochinilla Pibil y Al Pastor.



Otro de los sitios que visitamos fue Wynwood un barrio que respira modernidad y arte en cada pared y en cada esquina. Allí comimos en Wynwood Kitchen & Bar, rodeados de arte y con una comida variada y adoptada de distintos lugares. Comimos una ensalada de púlpitos y unas brochetas riquísimas. Una de ellas de Pork Belly, plato bastante protagonista en los restaurantes americanos,  que está buenísimo y es panceta o tocino de cerdo preparado de distintas formas y que tiene su origen en la cocina china o coreana.




Después de pasara por el barrio, ver todas sus obras de arte callejeras, sus tiendas y algún mercadillo que otro descansamos un rato acompañados de un mojito en La La Land. Un lugar en el que te los puedes encontrar de mango, de tamarindo, de fresa e incluso picantes. En la parte izquierda de la barra encontraréis una puerta que te lleva a un gran patio y comunica a su vez con otro bar que se llama The Bar Next Door. Entremedias de los dos hay una tienda de plantas con unos maceteros chulísimos y originales, Plant The Future.



Nuestra última noche podríamos haber optado por cenar en Ocean Dr. Una calle llena de vida a orillas de la playa con un montón de tiendas y restaurantes. Sus calles adyacentes como Collins Avenue y Washington Avenue son un sitio donde perderse haciendo compras. Pero volviendo a las cenas, decidimos alejarnos un poco y cenar en Matador Room, un restaurante excepcional ubicado en el Hotel Edition. Allí pudimos disfrutar de una cena maravillosa en su terraza, muy romántica, llena de vegetación e iluminada de forma muy agradable. Aunque su imagen y su nombre es cañí total, la comida nos es principalmente española, aunque encontramos platos de nuestro país y una larga lista de vinos con sello español. Los vinos en EEUU tienen unos precios desorbitados para lo que nosotros estamos acostumbrados, así que con las cartas de vino alucinaréis un poco.








Y hasta aquí hemos llegado, un viaje que he disfrutado con los cinco sentidos y del que vengo con las pilas muy cargadas. Un destino que seguro repetiré porque tiene muchos rincones y vida por descubrir. Ahora a esperar el siguiente.